Historia de Monteagudo

El nombre de Monteagudo viene dado por la existencia del monte que se yergue majestuoso dominando toda la vega. Dada su situación estratégica el cabezo de Monteagudo fue objeto de ocupación desde tiempos muy primitivos. También queda demostrada la presencia romana a través de las monedas encontradas en dicho lugar, llegándose a plantear que en este monte existió una villa romana en la que se construyó un acueducto, siendo paso obligado en la vía romana que comunicaba Cartagena con Fortuna.

Con la llegada de los musulmanes el lugar adquirirá gran importancia al construirse un conjunto de fortalezas que constituían una línea defensiva destinada a proteger toda la vega murciana y los distintos caminos que unían Murcia con Orihuela. Dicha línea estaba conformada por los castillos de Monteagudo, el Castellar, y el de Alharache.

En el siglo XII Muhammad Ibn Sad Ibn Mardanix (1147-1171), conocido por los cristianos como el rey Lobo, mandó construir las estructuras que actualmente conocemos.

El 1 de mayo de 1243, el infante don Alfonso entraba en la ciudad de Murcia, tomándola de forma pacífica, siéndole entregado el Alcázar Mayor donde se estableció una guarnición militar. Con la conquista de Murcia y la llegada de cristianos que se asentaron en un principio en el arrabal murado de la Arrixaca, el castillo de Monteagudo fue residencia por cortos periodos de  tiempo del rey Alfonso X el Sabio siendo el año 1257 uno de los más brillantes por, entre otras cosas, la fundación de la Madrasa de Murcia en Monteagudo, en el denominado “Palacio de Recreo”de Larache. Éste era un centro de estudios donde compartían conocimientos eruditos cristianos, musulmanes y judíos. Sobre todo se dedicaban a la traducción de obras clásicas (escritas en latín, griego, árabe o hebreo) al castellano, con el fin de hacerlas más asequibles al pueblo.