La leyenda de la Sultana Zaida
Han pasado muchos siglos desde que ocurriera esta historia de amor imposible, y aún resuenan sus ecos.
Era una época en la que las luchas entre moros y cristianos eran continuas.
En una de esas batallas, a los pies del castillo de Monteagudo es apresado por el alcaide de esas tierras un noble aragonés.
El alcaide esperando un suculento rescate por el cristiano, decide mantenerlo con vida gozando el preso por su condición, de cierta libertad.
En una de las numerosas visitas que realizaba la sultana Zaida a Monteagudo, prometida a un nazarí, el noble cristiano queda prendado de la joven doncella y ella de él.
El noble aragonés y la sultana Zaida desafiaron convencionalismos y tradiciones para vivir su historia de amor clandestina bajo las ramas de un viejo olivo de los jardines del Castillejo.
Cuando planeaban su huida, fueron descubiertos.
El prometido de Zaida, cegado por los celos y sed de venganza, acude al castillo de Monteagudo a reponer su honor. Enzarzándose en una lucha en lo alto de la fortaleza lanza al vacío desde su ventana vigía al cristiano. La sultana, ciega de amor, sigue a su amado por el precipicio lanzándose desde aquella misma ventana para permanecer en otra vida juntos hasta la eternidad.
Aún hoy, los enamorados se acercan hasta la cruz del Collado de Monteagudo donde se hallaba el olivo, testigo de esa historia. Depositan una vela y piden por el amor verdadero en recuerdo de la sultana Zaida y el noble cristiano.